Viñedos de secano de Extremadura
¿Qué identidad conserva y qué función puede desempeñar hoy el viñedo de secano de Extremadura?
TERRITORIO
8/12/20264 min read


Viñedos de secano de Extremadura: una identidad que todavía ocupa la mayor parte del paisaje
Hablar de viñedos de secano de Extremadura no significa hablar de una única forma de cultivar ni de una garantía automática de calidad. Bajo esa palabra conviven parcelas viejas y jóvenes, viñas en vaso y otros sistemas de conducción, grandes superficies productivas y pequeños viñedos ligados a historias familiares.
Lo que sí sabemos es que el secano continúa teniendo un peso decisivo.
Los resultados provisionales de ESYRCE 2025 estiman 48.120 hectáreas de viñedo de secano en Extremadura, frente a 28.615 hectáreas de regadío. Esto significa que aproximadamente el 62,7 % del viñedo observado permanece en secano.
La cifra ayuda a dimensionar una realidad que no puede tratarse como residual. Pero tampoco basta para comprenderla.
Secano no significa una sola cosa
La primera precaución es evitar asociaciones demasiado simples.
Un viñedo de secano no es necesariamente viejo. No produce siempre rendimientos bajos. No tiene por definición una mayor calidad. Tampoco podemos considerarlo automáticamente más sostenible.
«Secano» describe, ante todo, una condición de cultivo: una parcela que durante la campaña estudiada no ha recibido aportaciones de agua mediante riego.
A partir de ahí empiezan las preguntas realmente interesantes.
¿Dispone la parcela de infraestructura de riego aunque ese año no se haya utilizado? ¿Ha recibido agua en campañas anteriores? ¿Se trata de un viñedo concebido desde su plantación para vivir sin riego? ¿Qué suelo tiene? ¿Qué profundidad pueden alcanzar sus raíces? ¿Qué variedad está plantada?
Dos viñedos pueden aparecer bajo la misma categoría estadística y responder a realidades completamente diferentes.
Un paisaje que está cambiando
La viticultura de Extremadura ha evolucionado durante las últimas décadas.
La investigación disponible describe un paisaje históricamente asociado al secano que ha incorporado progresivamente regadío, nuevas plantaciones y sistemas de conducción diferentes.
Ese cambio tiene además un contexto climático evidente.
CICYTEX señala las temperaturas elevadas y la irregularidad de las precipitaciones entre los factores fundamentales de la viticultura de Extremadura. Sus líneas de investigación estudian precisamente las necesidades hídricas de la vid, el riego deficitario y otras estrategias de adaptación.
Por eso sería demasiado sencillo enfrentar tradición y modernidad mediante una fórmula como:
secano frente a regadío.
La cuestión tiene más matices.
La pregunta debería ser qué viñedos pueden continuar funcionando en secano, bajo qué condiciones y qué decisiones permiten mantenerlos.
El agua no explica por sí sola una viña
Para comprender un viñedo de secano es necesario mirar mucho más allá de la ausencia de riego.
Importan el suelo, la profundidad de las raíces, la edad de la plantación, el portainjerto, la densidad, la conducción, el manejo del suelo, las temperaturas y la distribución anual de las lluvias.
También importa la variedad.
El trabajo de CICYTEX sobre material vegetal proporciona una primera pista para estudiar nombres como Cayetana Blanca, Pardina, Montúa, Alarije, Borba, Cigüente o Perruno.
Pero aquí también hay que ser precisos.
Que una variedad esté conservada o estudiada por un centro de investigación no significa automáticamente que sea una variedad autóctona de Extremadura, ni demuestra que tenga una presencia importante en los viñedos de secano actuales.
Cada caso exige documentación específica.
¿Dónde están los secanos que merece la pena estudiar?
La estadística regional permite conocer magnitudes, pero no explica las parcelas.
El siguiente paso debería acercarse al territorio.
Tierra de Barros resulta imprescindible por la extensión de su viñedo y por la posibilidad de comparar parcelas tradicionales con otras transformadas durante los procesos de modernización.
Matanegra ofrece otra pregunta: hasta qué punto la altitud y sus condiciones locales producen formas distintas de secano.
Ribera del Fresno, ya identificada como una de las prioridades de investigación del proyecto, permite reducir la escala y trabajar directamente con viticultores, parcelas y elaboradores.
También interesa estudiar situaciones diferentes en Montánchez y Cañamero.
Fuera de estos grandes ámbitos, territorios como Sierra de Gata, Villuercas-Ibores o La Vera requieren todavía más cautela. La existencia de algunas parcelas no permitiría presentar automáticamente una comarca entera como una zona consolidada de viñedo de secano.
En estos casos habría que distinguir entre producción relevante, viñedo residual, proyecto singular o cultivo familiar.
La parcela como protagonista
Una posible forma de contar esta realidad sería abandonar durante un momento las grandes cifras y seguir una viña concreta.
¿Dónde está?
¿Quién la cultiva?
¿Cuándo fue plantada?
¿Qué variedad contiene?
¿Cómo atraviesa un verano sin riego?
¿Cuánto produce?
¿Dónde termina su uva?
¿Se mezcla con otras parcelas o llega a un vino identificado?
¿Quién continuará cultivándola dentro de diez años?
Estas preguntas permiten pasar del concepto abstracto de «secano» a personas y lugares concretos.
También ayudan a descubrir algo que todavía debemos investigar: puede existir un patrimonio vitícola de secano que apenas sea visible para el consumidor porque sus uvas terminan en cooperativas, vinos de mezcla, producciones sin identificación de parcela o elaboraciones familiares.
Eso es todavía una hipótesis, no una conclusión.
Una identidad que necesita investigación, no mitología
El dato de partida es importante: el secano sigue representando alrededor de seis de cada diez hectáreas de viñedo observadas en Extremadura según los resultados provisionales de 2025.
Pero su verdadero interés editorial no está en convertir esa cifra en un argumento promocional.
Está en comprender las diferencias.
Entre una viña que nunca tuvo riego y otra que simplemente no se regó ese año.
Entre una parcela productiva de gran extensión y unas pocas cepas conservadas en una sierra.
Entre variedades muy extendidas y material vegetal minoritario.
Entre un cultivo económicamente viable y una parcela que sobrevive por compromiso familiar.
Y, especialmente, entre lo que podemos demostrar y lo que simplemente nos gustaría contar.
El viñedo de secano puede ser una de las claves para explicar los vinos de Extremadura, pero solo si lo observamos parcela a parcela, preguntando quién lo cultiva, cómo se adapta y qué relación mantiene realmente con su territorio.
Ese será el siguiente paso.
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